La mano del diablo (1943)


 

Título original: La main du diable

País: Francia

Director: Maurice Tourneur

Guion: Jean-Paul Le Chanois. Novela: Gérard de Nerval

Música: Roger Dumas

Fotografía: Armand Thirard

Intérpretes: Pierre Fresnay, Josseline Gaël, Noel Roquevert, Guillaume de Sax, Pierre Larquey, André Gabriello, Antonio Balpetré

Productora: Continental Films

Año de producción: 1943

Duración: 01:17:04

Género: Fantástico, Terror, Sobrenatural

 


Sinopsis:

 

Roland Brissot (Pierre Fresnay), un pintor fracasado, ha adquirido un talismán que le proporcionará amor, fama y riqueza. El talismán funciona perfectamente y todos sus deseos se cumplen puntualmente. Pero nada es gratis…

 

 

Versión: VO + subts. español e inglés integrados

Formato: .mkv

Calidad: DVDrip

Tamaño: 0.99 GB

 

La  mano  del  diablo

 

 


 

Curiosidades varias, algunos cotilleos (de vez en cuando) y un poco de rollo de mi cosecha

 

El género de terror no es precisamente un género particularmente prolífico en Francia al contrario de, por ejemplo, Gran Bretaña o Estados Unidos. “La mano del diablo” es, sin duda, la muestra más famosa y con toda seguridad la más valorada.

 

Basada muy libremente en la novela La main enchantée (La mano encantada), de Gérard de Nerval, un relato en el que un individuo fracasado y desalentado se deja embaucar por las promesas de prosperidad material y artimañas del diablo a cambio de hipotecar su alma para toda la eternidad.


Dirigida por Maurice Tourneur, por entonces casi septuagenario y con una larga carrera que había comenzado en Hollywood, prácticamente toda la película es un flashback narrado por el personaje de Brissot y es una de las 30 películas producidas por la Continental (*) en Francia durante uno de los periodos más oscuros de su historia: la ocupación nazi.

 

Maurice Tourneur, padre de Jacques Tourneur, fue el más prolífico de los dierctores de la Continental, para la que dirigió cinco películas: “Pecados de juventud (Péchés de jeunesse)” (1941), “Señorita Bonaparte (Mam’zelle Bonaparte)” (1942), “El valle del infierno (Le Val d’enfer)” (1943), “La mano del diablo (La main du diable), también en 1943, y “Cecilia ha muerto (Cécile est morte)” (1944).

 

(*) CONTINENTAL FILMS

 

Durante el largo periodo de cuatro años en los que Francia permaneció ocupada por las tropas alemanas el país estuvo sometido a una ocupación no sólo militar y política, sino también intelectual y cultural, y con todos los medios de comunicación sometidos a control.

 

Desde junio de 1940, tras la derrota, Francia estaba gobernada en su zona norte por los nazis, pero otra inmensa zona al sur y al este del país estaba bajo el control del gobierno colaboracionista del Mariscal Pètain; ese otro gobierno, conocido como régimen de Vichy perduró hasta la Liberación, en agosto de 1944.

 

En tales circunstancias el cine no fue, ni mucho menos, un asunto de poca importancia. Resultaba evidente que había que mantener las salas abiertas y proporcionar entretenimiento al público. En la zona norte, gobernada por los alemanes, estos tenían la exclusiva de la explotación de las salas y también se prohibió la producción de películas francesas.

 

No ocurrió lo mismo en la zona bajo el control del régimen de Vichy donde, con  gran esfuerzo y con respaldo oficial, en noviembre de 1940, ya se había puesto en marcha un Comité de Organización de la Industria Cinematográfica (COIC), dividido en varios subcomités que agrupaban las diferentes tareas de laboratorio, distribución, exhibición, etc.

 

Los comienzos del COIC tropezaron con enormes dificultades. Consecuencia directa de la ocupación fue el abandono del país de grandes nombres de la industria, directores (René Clair, Julien Duvivier, Jean Renoir, Jacques Feyder o Max Ophüls), actores (Jean Gabin, Michèle Morgan, Jean Pierre Aumont, Louis Jouvet…), además de gran número de técnicos.


Los judíos tenían expresamente prohibida cualquier actividad en el mundo del cine, si bien algunos lograban trabajar de forma clandestina. A todas estas carencias de tipo humano había que añadir las serias deficiencias económicas, la falta de estudios, de celuloide, de materiales para la construcción de decorados, problemas de suministro de electricidad, y, para colmo, la férrea censura conservadora impuesta por el régimen. Como resultado de todo ello se inició un sistema de coproducción con los estudios de Cinecittá de  Italia.

 

Una dificultad más, y no precisamente la menos importante, vino a sumarse a todo lo anterior.

 

Alfred Greven, magnate alemán propietario de empresas cinematográficas en su país, protegido por sus buenas relaciones con el gobierno alemán, instaló en Francia una nueva productora, Continental Films, que a diferencia de sus competidoras francesas poseía un gran capital y adquirió un gran número de salas de exhibición.

 

Greven supo darse cuenta desde el principio de que el público francés se interesaba sobre todo por el cine francés y se puso a la tarea de comenzar la producción.

 

Su disponibilidad económica le permitió pagar mejor a los mejores profesionales, desde directores como Clouzot, Maurice Tourneur, André Cayatte, Henri Decoin o Christian-Jaque, actores como Fernandel, Danielle Darrieux, Pierre Fresnay y Jean-Louis Barrault, y a un gran número de guionistas y técnicos. Las buenas relaciones con Alemania le facilitaron el suministro de celuloide y toda clase de equipos técnicos con lo que el supuesto monopolio de la COIC quedó interrumpido.

 

Sin  embargo hay un dato curioso: ni un solo nombre alemán figuraba en las fichas técnicas o artísticas. Pese a su capital alemán, Continental Films produjo un cine absolutamente francés y de una considerable calidad, si bien es cierto que la censura decidía los temas que podían tratarse: dramas históricos y temas policiacos, pero ni asomo de crítica social o política.

 

En cuanto a fotografía, dirección o interpretación, Continental films contiene entre sus producciones joyas tales como “El cuervo” y “El asesino vive en el 21”, ambas dirigidas por Henri-Georges Clouzot, “Desconocidos en casa” (Les inconnus dans la maison), de Henri Decoin, o “El asesinato de Papá Noel” (L’Assassinat du Père Noël) y  la controvertida “Sinfonía Fantástica” (Symphonie Fantastique), ambas de Christian-Jaque.

 

Respecto a esta última citada, basada en la vida del compositor Hector Berlioz, tras el gran éxito que supuso su estreno, Goebbels, Ministro de Propaganda del Reich, considerándola demasiado patriótica, llamó a Berlín a Alfred Greven y le amonestó severamente recordándole que “sólo deberían producirse films ligeros y superficiales, pero nunca aquellos que exaltasen el nacionalismo francés”.

 

Tal como se cuenta en “Salvoconducto”, película de 2002 dirigida por Bertrand Tavernier (que ilustra este periodo de la industria cinematográfica francesa), la mala salud de Maurice Tourneur le impidió terminar el rodaje de la película, que finalizó su ayudante Jean Devaivre, que se hizo cargo de la dirección durante los últimos ocho días y a quien se debe la mejor de las secuencias, aquella en la que todos los que han poseído previamente la diabólica mano cuentan su historia.

 

Sin embargo parece que a Greven y a los censores alemanes se les pasó por alto un pequeño detalle: gran parte de su plantilla, incluyendo directores, guionistas, actores y personal técnico, o eran parte activa de la Resistencia o eran simpatizantes de la misma. En el caso concreto de “La mano del diablo”, tanto el ayudante de dirección, Jean Devaivre (**), como el guionista, Jean-Paul Le Chanois, eran miembros activos de la Resistencia, ambos de ascendencia judía y miembros del partido comunista.

 

(**) Combatió también en la Guerra Civil Española, donde, con ocasión de venir a Teruel pilotando un avión con ayuda para los republicanos españoles conoció y se hizo gran amigo de André Malraux que se encontraba en España rodando “Sierra de Teruel”.

 

Y ahora un  poco más de rollo.

 

El tema de la “mano maldita” (por decirlo de alguna manera) ha sido un tema recurrente en el cine desde que en 1924 Robert Wiene dirigió “Las manos de Orlac” (Orlacs Hände), versionada posteriormente hasta en dos ocasiones, “Las manos de Orlac" (Mad Love), Karl Freund (1935), y “Las manos de Orlac" (The Hands of Orlac), Edmond T. Gréville (1960).

 

Otra variante de “mano asesina” la encontramos en “La bestia con cinco dedos”, de Robert Florey en 1946 y su posterior reinterpretación por Oliver Stone en 1981 “La Mano" (The Hand).

 

También en el clásico de la Hammer dirigido por Freddie Francis en 1965 “Doctor Terror" (Dr. Terror’s House of Horrors).

 




 

 




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