Puerta de las lilas (1957)
Título original: Porte des Lilas
País: Francia
Director: RenéClair
Guion: RenéClair, Jean Aurel (Novela: René Fallet)
Música: Georges Brassens
Fotografía: Robert Lefebvre (como Robert Le Febvre) (B&W)
Productora: Coproducción Francia-Italia: Filmsonor, Cinétel, S.E.C.A., Rizzoli Film
Intérpretes: Pierre Brasseur, Georges Brassens, Henry Vidal, Dany Carrel, Raymond Bussières, Gabrielle Fontan, Amédée, Annette Poivre
Año de producción: 1957
Duración: 01:33:49
Género: Drama
Sinopsis:
Juju (Pierre Brasseur), un pobre borrachín, y su amigo “El Artista” (Georges Brassens), son obligados a punta de pistola a dar refugio a Pierre Barbier (Henri Vidal) un peligroso delincuente fugitivo de la ley.
La necesidad de sentirse útil es tal, que enseguida Juju se encarga de cumplir cualquier deseo manifestado por Pierre, incluso cuando descubre que María (Dany Carrel), la chica de la que Juju está enamorado, le ha robado dinero a su propio padre y planea fugarse con Pierre.
Versión: Dual con subtítulos incorporados (españoles completos y forzados para las canciones)
Formato: .mkv
Calidad: DVDRip
Tamaño: 1.5 GB
Curiosidades varias, algunos cotilleos (de vez en cuando) y un poco de rollo de mi cosecha
Película que fue candidata al Óscar a la mejor película de habla no inglesa y a los premios BAFTA como mejor película y actor extranjero (Pierre Brasseur).
Con un giro radical respecto a los melodramas que hasta entonces habían sido su “marca de la casa” (“El silencio es oro”, “Las maniobras del amor”…), René Clair regresa a sus orígenes con un film, “Puerta de las Lilas”, que está más cerca de los que, como “Bajo los techos de París” constituyeron sus mayores éxitos.
Los sombríos escenarios que conforman los barrios bajos de París, poblados de golfillos y borrachines, retratan a la perfección un universo tan convencional como el que se nos mostraba en “El silencio es oro”, pero que resulta ser el perfecto marco en el que se desarrolla una historia sencilla, lo más aproximado al cine negro, por entonces tan en boga en el cine francés, que René Clair llegó a rodar.
En todo caso “Puerta de las Lilas” siempre será recordada como la única película protagonizada por el legendario cantante Georges Brassens quien, a pesar de interpretar uno de los principales personajes, apenas se limita a subrayar con sus melancólicas canciones algunos momentos del film. El verdadero protagonista es Pierre Brasseur que, con su magistral creación de Juju, un personaje por igual conmovedor y ridículo, roba cada plano en que aparece.
El resto del reparto, incluido Henri Vidal, aunque parezca incómodo en un papel muy alejado de sus habituales interpretaciones de tipo duro y algo violento, cumple con creces las expectativas.
La inocencia de los niños
Antepenúltimo largometraje de René Clair (1898-1981). El guion, de René Clair y Jean Aurel, se basa en la novela “La grande ceinture” (1956), de René Fallet. Se rueda en los Estudios de Boulogne-Billancourt (Hauts-de-Seine, Francia). Gana el premio Bodil al mejor film europeo y es nominado a un Oscar (film de habla no inglesa). Producido por René Clair para Filmsonor, Cinetel, CECA y Rizzoli Film, se estrena el 20-IX-1957 (Italia).
La acción dramática tiene lugar durante unos 15 días, a mediados de los años 50, en la barriada popular parisina de Puerta de las Lilas, llamada así por su proximidad a esta puerta de las antiguas murallas de la ciudad. Juju (Brasseur), poco aficionado al trabajo y borrachín, sólo halla la comprensión y el respeto que le guardan su amigo “el artista” (Brassens) y la joven María (Carrel), hija del propietario del bar de la localidad. Juju y “el artista” acogen en la casa de éste a Pierre Barbier (Vidal), fugitivo de la policía. “El artista” es una persona taciturna y un buen cantante de baladas que compone él mismo. Juju es bonachón, simple, ingenuo y de buen corazón.
El film suma crimen, drama, comedia y romance. Elabora con habilidad y acierto la descripción psicológica de los personajes principales. Los sitúa en un ambiente popular modesto, al que no ha llegado todavía la televisión ni la prosperidad económica de los años 60. Llaman la atención los decorados y escenarios por su artificiosidad, que contrasta mucho con los presupuestos de naturalidad, espontaneidad y realismo del movimiento de la “nouvelle vague”, a punto de iniciar su recorrido.
El film contiene un extenso y cálido elogio de la inocencia y de la infancia, tan admirada por Clair. Las muestra asociadas a una alegría festiva y tumultuosa y a juegos basados en la imaginación y la fantasía. Con la ayuda de los niños construye una de las escenas más entrañables del film: lectura del relato de unos actos delictivos y la huida del autor, mientas a través de las cristaleras del bar se ve cómo los chicos de la calle imitan los hechos en sus juegos. Junto al retrato de la infancia, el realizador sitúa al personaje principal, un hombre ingenuo, infantil, de luces limitadas y de gran corazón. A diferencia de lo que es habitual, este personaje no se mueve por egoísmo, codicia o intereses personales, sino por el afán de ser útil a los demás.
Se trata, además, el enfrentamiento secular entre el bien y el mal, la bondad y el interés propio, la generosidad y el egoísmo. Esboza las relaciones que se dan entre frustraciones personales y adicciones. Añade unas acotaciones sobre la violencia, que se asocia al mal cuando se presenta en términos ofensivos, pero que no es ajena al bien cuanto éste se ve obligado a defender la vida o la integridad propias o la de seres queridos.
Otro tema que aborda el film es el de las reacciones negativas, sancionadoras y excluyentes aplicadas a personas diferentes por razones diversas. La persona diferente tiende a ser víctima de marginación social, aunque las diferencias que le afectan se refieran a cuestiones poco o nada relevantes. Los principales motivos de rechazo social son las enfermedades contagiosas, la locura, la deficiencia intelectual y la aversión al trabajo. Pese a falsas apariencias, el tonto del pueblo o del barrio es objeto, siempre o casi siempre, de conductas de separación y exclusión.
Film sin pretensiones, entretenido y gratificante, que invita a la reflexión en un contexto de formas clasicistas. La película ha estado durante muchos años fuera del alcance del público. Felizmente se ha recuperado recientemente gracias a una edición en DVD.
La música, original de Georges Brassens, aporta un conjunto de excelentes baladas que se intercalan en el metraje a la manera del coro de las tragedias griegas (presenta el contexto y resume las situaciones para facilitar la comprensión del público). Se añaden cortes incidentales, de acompañamiento y transición. Canta Georges Brassens en su única intervención en cine. La fotografía, de Robert Lefevre y Albert Militon (no acreditado), en B/N, construye luces contrastadas y tonos tristes, acordes con el fondo agridulce de la historia. Las imágenes están construidas con influencias clasicistas (armonías, realismo, equilibrio de forma y fondo...).
Miquel (Palma de Mallorca, diciembre 2008), en Filmaffinity
Ingenuidad
Estamos ante una bonita película realizada por René Clair once años después de su regreso a Francia tras su estancia en Hollywood. De cine lo sabía ya todo, y las claves del suyo estaban perfectamente presentadas en público: habilidad para la dirección de los actores, un olfato especial para describir ambientes populares, para contar historias con un pie en el documental costumbrista y otro en una descripción poética de la realidad.
En esta ocasión nos cuenta una historia procedente de la novela “La grande ceinture”, de René Fallet y todavía se puede ver con interés, aunque hay momentos que han ido perdiendo fuerza por el camino. Lo mejor, la escena en la que unos niños juegan a lo que exactamente están describiendo los mayores en un bar cercano. No es solo una referencia anecdótica: A Clair le interesó siempre el mundo infantil y el ángulo de visión que desde allí se tiene del mundo de los mayores.
Los actores responden muy bien a los que el director les pide. Pierre Brasseur da vida al protagonista de la película, una especie de vagabundo con excelente corazón y que, sin embargo, es francamente increíble. Es especialmente interesante la participación de Georges Brassens que entonces contaba con treinta y seis años: canta bien y actúa regular.
La película fue nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, galardón que no consiguió. Es bella por su fotografía y su mensaje profundo. Es tal vez insuficiente por su excesiva ingenuidad.
Paco Ortega (Zaragoza, enero 2009), en Filmaffinity






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