El Hombre Elefante (1980)


Título original The Elephant Man
Año 1980
Duración 125 min.
País Estados Unidos
Dirección David Lynch
Guion David Lynch, Eric BeJrgrn, Christopher De Vore
Música John Morris
Fotografía Freddie Francis (B&W)
Reparto
Anthony Hopkins, John Hurt, Anne Bancroft, John Gielgud, Wendy Hiller, Freddie Jones, Dexter Fletcher


Productora Paramount Pictures. Productor: Mel Brooks
Género Drama | Biográfico. Película de culto
Sinopsis
A finales del siglo XIX, el doctor Frederick Treves descubre en un circo a un hombre llamado John Merrick. Se trata de un ciudadano británico con la cabeza monstruosamente deformada, que vive en una situación de constante humillación y sufrimiento al ser exhibido diariamente como una atracción de feria. (FILMAFFINITY)


Premios
1981: Premios César: Mejor película extranjera
1980: 8 Nominaciones al Oscar, incluyendo película y director
1980: Globos de Oro: 4 nominaciones, incluyendo mejor película Drama
1980: Premios BAFTA: Mejor película, actor (Hurt) y diseño de producción. 7 nominaciones
1980: Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director
1980: Sindicato de Guionistas (WGA): Nominada a Mejor guion adaptado drama


Críticas
"Generosa, clásica, bellísima película"
"Bien hecha, lastrada a veces por el evidente patetismo del tema"


"Un estudio de la gentileza que de alguna manera suprime la rabia. Esa es la cualidad que ilumina al film y lo hace mucho más fascinante que si hubiera sido un retrato que dignifica a un monstruo"
"La actuación de John Hurt le da una emotividad que la distingue del resto de películas del director. Una obra hermosa, comedida y atípica.



PELÍCULA EN VERSIÓN ORIGINAL







JOSEPH CAREY MERRICK



Joseph Carey Merrick nació en Inglaterra en 1862, hijo de un cochero y una mujer de origen humilde que se había criado en el campo y que sabía leer y escribir gracias a la Iglesia Baptista. Los primeros síntomas de la enfermedad los tuvo con un año y medio, pero no sería hasta los 4 años cuando empezaran a formársele grandes bultos en su cráneo y a deformarse sus extremidades. Su dificultad empezaba a ser grande, y no podía jugar con los niños del colegio, que comenzaron a darle de lado. La reacción de su madre fue no dejarle solo y acompañarlo en todo momento, además ayudaba a escolarizar a los niños de la zona dando clases en la Iglesia, llevándose siempre a su hijo consigo. Este empeño le convirtió en un chico muy dependiente de ella, además de alguien con muchas ganas de aprender, leer, escribir y estudiar, lo que se traduciría con el tiempo en una sensibilidad y cultura por encima de la media.

Joseph tenía además dos hermanos, uno de ellos murió a los 4 años de escarlatina y otra hermana vivió hasta tener 24. Ambos no tenían ni rastro de la enfermedad de su hermano, ni ninguna malformación. El padre abrió una pequeña mercería y todos vivieron tranquilos hasta que su madre falleciera de bronconeumonía cuando él tenía 11 años. Fue un duro golpe, porque su madre era la única persona que realmente le quería. Su pesadilla comenzó en ese momento.

Su padre se volvió a casar enseguida con una viuda con dos hijos, y de pronto, eran demasiados, y el pequeño estorbaba, además de tener cada vez peor aspecto. Su madrastra se empeñó en que trabajara para ganarse el alimento y lo sacó del colegio para trabajar en una fábrica de tabaco gracias a la mediación de su tío, Charles Merrick. Su infancia con la nueva familia era un infierno y recibía constante maltrato por parte de su madrastra y hermanastros que no le dejaban comer y lo golpeaban sin piedad. Su cadera y sus piernas, así como sus brazos y cabeza, estaban ya muy deformados, por lo que al final fue despedido de la fábrica de tabaco por ser incapaz de liarlos con su gigantesca mano.


Su padre le compró un carrito de vendedor ambulante para que vendiera la mercancía de la mercería por las calles de Londres, pero encima de su labio había crecido ya un enorme tumor con forma de trompa que asustaba a la gente y le impedía hablar con normalidad, y por lo tanto no vendía nada, llegando a casa sin dinero y recibiendo una buena paliza por eso. Muchas veces tenía que darles el dinero de su almuerzo para evitar problemas y en muchas ocasiones llegó a escaparse, pero regresaba porque su padre salía a buscarle prometiéndole que le tratarían mejor. Aunque la promesa nunca se cumplía, y a los 15 años cogió su carromato y sus escasas pertenencias que aún podía vender y se marchó para siempre.

Vagabundeaba por las calles hasta que su tío Charles, que tenía una barbería, lo recogió porque la gente le fue contando la situación terrible en la que estaba su sobrino. Joseph siempre hablaría bien de sus tíos, a los que agradecía enormemente que lo acogieran en su hogar, y quienes nunca le trataron mal. Pero se sintió una carga muy grande, porque además vivían en una casa obrera muy pequeña del Londres victoriano, y el matrimonio esperaba un hijo, por eso decidió marcharse, aunque su tío no quería que lo hiciera, y enrolarse en una de las llamadas «Workhouse», lugares donde los pobres vagabundos acudían para comer y dormir a cambio de realizar trabajos muy duros, como asfaltar calles, limpiar alcantarillas, repartir carbón, trabajar en la fundición…etc No le quedaba otra opción después de que además fuera denunciado por el gremio de vendedores ambulantes y se le retirara la licencia por la imagen que daba de la profesión.


Esta fue su peor época, tendría incluso pesadillas con ese lugar y las condiciones en las que se vivía allí, además del maltrato y las continuas vejaciones para alguien tan deformado como él. Fue allí donde le operaron malamente del tumor de su labio, que tenía forma de trompa de kilo y medio de carne y que daría origen a su apodo. Mientras se recuperaba en el hospital pensó en la manera de no tener que regresar a ese horrible sitio, y la única salida que le quedaba a alguien como él, era el circo.

Supo por el periódico que en la ciudad estaba Sam Torr, un promotor de circo muy conocido en su época, y decidió escribirle contando su caso para pedirle trabajo. El empresario rápidamente le incorporó a su espectáculo, que en 1883 recorría Inglaterra, siendo su principal atracción. Merrick guardó siempre un buen recuerdo de su etapa como artista, no como se muestra en la película, donde se le ve maltratado como a una bestia. Su vida en el circo le permitió viajar, aunque no salía de su caravana por no asustar a la gente, e hizo amigos entre los compañeros de la profesión. De la compañía de Sam Torr pasó a la de Tom Norman, con quien hizo una gira llegando a Londres. Fue en ese momento cuando conoció al Doctor Treves, el médico interpretado por Anthony Hopkins en la película, que llegó hasta él por la recomendación de unos estudiantes que sabían lo mucho que le fascinaban las deformidades. Se quedó impresionado con el caso y le dio a Tom Norman una tarjeta que le permitiría acudir al hospital sin cita previa y sin que le preguntasen nada en la recepción.


El hombre elefante se presentó allí un día envuelto en una capa y con un trapo en la cara sólo con dos agujeros en los ojos, cosido a la gorra, dándole un aspecto totalmente fantasmagórico. La tarjeta que le había dado el doctor fue su llave para que le recibieran. Treves lo analizó y documentó su caso, mostrándole a la comunidad científica, que nunca hasta entonces había visto nada igual. Esta es la manera en la que él mismo describía su propio aspecto en sus escritos:

«Mi cráneo tiene una circunferencia de 91,44 cm, con una gran protuberancia carnosa en la parte posterior del tamaño de una taza de desayuno. La otra parte es, por describirla de alguna manera, una colección de colinas y valles, como si la hubiesen amasado, mientras que mi rostro es una visión que ninguna persona podría imaginar. La mano derecha tiene casi el tamaño y la forma de la pata delantera de un elefante, midiendo más de 30 cm de circunferencia en la muñeca y 12 en uno de los dedos. El otro brazo con su mano no son más grandes que los de una niña de diez años de edad, aunque bien proporcionados. Mis piernas y pies, al igual que mi cuerpo, están cubiertos por una piel gruesa y con aspecto de masilla, muy parecida a la de un elefante y casi del mismo color. De hecho, nadie que no me haya visto creería que una cosa así pueda existir.»

«Vi la luz por primera vez el 5 de Agosto de 1862. Nací en Lee Street, Leicester. La deformidad que exhibo ahora se debe a que un elefante asustó a mi madre; ella caminaba por la calle mientras desfilaba una procesión de animales. Se juntó una enorme multitud para verlos, y desafortunadamente empujaron a mi madre bajo las patas de un elefante. Ella se asustó mucho. Estaba embarazada de mí, y este infortunio fue la causa de mi deformidad.»

Treves no se dio cuenta en aquellos primeros días de que Merrick era un ser extremadamente inteligente y sensible, porque se mostró tremendamente tímido, no dijo ni una palabra, y nervioso, lleno de miedos, además temblaba. Es por eso que el doctor pensó que tenía un retraso mental. De esa manera se despidió de él y regresó a la feria.

En 1885 las autoridades de Londres cerraron la feria donde trabajaba por considerarla inmoral e indecente, lo cierto es que allá donde fueran, su circo acababa siendo cerrado por el mismo motivo, y las leyes contra la exposición de personas con deformidades empezaban a ser cada vez más duras. Norman cede el contrato sobre «El Hombre elefante» a un empresario italiano llamado Ferrari que le llevaría de gira por Europa, dado que no podían seguir trabajando en Inglaterra. En esa época, los empresarios del circo guardaban, a modo de banco las ganancias de sus artistas, y Norman se las pasó a Ferrari.


Pero al llegar a Europa se encontraron con que las leyes eran mucho más restrictivas que en Inglaterra y no les daba apenas tiempo a abrir cuando ya les cerraban, además el público empezaba a ver muy mal que se aprovecharan de gente como él para hacer un espectáculo y el circo de friquis se extinguió.

Ferrari abandonó a Merrick en Bruselas, llevándose las algo más de 50 libras que había ganado en los últimos dos años como artista, y dejándole completamente solo en un país del que no sabía nada, ni conocía el idioma, además con su aspecto aterrador. Pero no se sabe cómo, consiguió empeñar unas pertenencias y comprar un billete para regresar a Londres.

La verdad es que le costó bastante que le admitieran en un barco de pasajeros, donde ningún capitán quería llevarle junto a la gente «normal». Accedieron finalmente, siempre que no se mezclara con nadie y permaneciera escondido en el trayecto, lo que implicó que pasara unas diez horas en una cubierta a la intemperie, y de noche, cosa que le trajo una fuerte bronquitis. Llegó al puerto y posteriormente consiguió coger dos trenes para llegar a Londres, pero cuando se bajó del último, en la estación de Liverpool Street, alguien se dio cuenta de su aspecto y comenzó a increparle, lo que provocó un gran tumulto. Cuando llegó la policía lo encontraron en un estado de nervios muy grande, gritando y sin conseguir articular palabra. Lo único que pudo hacer fue sacar de su abrigo la tarjeta del Doctor Treves que llevaba en el bolsillo desde hacía dos años, cuando le examinó por primera vez. De esa manera él y Treves volvieron a encontrarse.

Después de aquello, el hospital reunió fondos para conseguir que las habitaciones de arriba fueran el hogar de Joseph, que estaba muy emocionado por el buen trato recibido. En esta ocasión Treves descubrió su carácter educado y su inteligencia superior a la media, lo cual le sorprendió muchísimo después de haberle tomado por un retrasado en su primer examen de hacía años. Le procuró además su amistad, y le introdujo en el mundo social victoriano, incluso siendo visitado en varias ocasiones por la princesa de Gales.

Murió desnucado en su cama en el momento más feliz de su vida, cuando todo el mundo le aceptaba y tenía el cariño y la amistad de todos en el hospital. Su enorme cabeza le impedía dormir tumbado, y debía mantener una postura para no morir asfixiado por el peso de sus tumores sobre la tráquea. Puede que esa noche estuviera harto de todo, y decidiera dormir como las personas consideradas normales, como se muestra en la película, pero creo que quizás nunca se hubiera suicidado, porque vivió su vida luchando lo indecible y el suicidio no se le hubiera pasado por la cabeza justo en el mejor momento de su vida, a los 27 años, en 1890.







Comentarios

  1. Conociendo lo terrible de la historia nunca tuve valor para ver la película. No sé si podré encontrarlo ahora pero en cualquier caso la voy a descargar.

    Gracias por esta importante aportación al Blog y por tu estupenda mini biografía de Joseph Merrick.

    Besos, querida Raquel.

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  2. Pues si en algún momento encuentras ese valor que necesitas para verla, créeme que te no te vas a arrepentir. Es una película preciosa, y con unas actuaciones para quitarse todos los sombreros.
    Kisses, dear Paco.

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  3. Film de fondo duro, pero que lejos de dañar el alma, ayuda a sanarlo un poco

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