Toni (1935)



 

Título original: Toni

País: Francia

Director: Jean Renoir

Guión: Jean Renoior, Carl Einstein

Música: Paul Bozzi

Fotografía: Claude Renoir (B&W)

Intérpretes: Charles Blavette, Celia Montalván, Édouard Delmont, Max Dalban, Jenny Hélia, Michel Kovachevitch

Productora: Société Nouvelle des Films Marcel Pagnol

Año de producción: 1935

Duración: 01:24:51

Género: Drama, Melodrama, Realismo poético francés

 



Sinopsis:

Toni (Charles Blavette), un joven que trabaja como cantero, encuentra alojamiento en casa de Marie (Jenny Hélia). Ella no tardará en enamorarse perdidamente de él, pero Toni, sin embargo, ama a otra mujer: la ardiente y complicada Josefa (Celia Montalván), la cual es a su vez, objeto de deseo de Albert (Max Dalban), el jefe de Toni.

 

 

Versión: VO + Subts. esp., fra., ing.

Formato: .mp4

Calidad: BRrip 1080p

Tamaño: 1.62 GB

Toni

 


Curiosidades varias, algunos cotilleos (de vez en cuando) y un poco de rollo de mi cosecha

 

Jean Renoir

 

Jean Renoir, hijo del famoso pintor impresionista Pierre Auguste Renoir, nació en París el 15 de Septiembre de 1894, y murió en Beverly Hills el 12 de febrero de 1979. Su cuerpo, trasladado a Francia, fue recibido con Honores de Estado, en París y enterrado en el panteón familiar en el pequeño cementerio de Essoyes, en Aube.

 

Luchó en el Ejército francés durante la I Guerra Mundial, siendo herido en combate. Sus heridas no curaron bien y sufrió dolores el resto de su vida.

 

Finalizada la I Guerra Mundial, en la que ganó la Cruz de Guerra, decidió cambiar su actividad de guionista a director.

 

Abandonó Francia cuando el país fue invadido por las tropas alemanas y se trasladó a Estados Unidos nacionalizándose ciudadano americano.


En 1920 se casó con Andrée Heuchling, una de las modelos de su padre y, en 1921, tras asistir al estreno de Esposas frívolas”, de Erich Von Stroheim, decidió cuál sería el futuro de su carrera como cineasta: hacer de su esposa (que había cambiado su nombre por el de Catherine Hessling) una estrella.

 

En efecto, Catherine fue la protagonista de varias de sus películas (“Una vida sin alegría”, 1924; “La hija del agua”, 1925; Nana”, 1926; “Charlestón”, 1927; La cerillera”, 1928 y “Escurrir el bulto”, 1928) pero se separaron en 1930 aunque no se divorciaron hasta 1940. Su siguiente compañera fue Marguerite Renoir a quien conoció durante el rodaje de “Una partida de campo”, y aunque no se casaron ella usó su apellido el tiempo que permanecieron juntos.

 

Orson Welles se refería a él con frecuencia, definiéndole como el más grande director de la historia del cine. Lo mismo opinaba Jacques Rivette, que le llamaba “El Jefe”. Por su parte, Renoir opinaba que ningún director entendía a la gente mejor que Leo McCarey.

 

Con frecuencia se reservaba pequeños papeles en sus películas.


Lo que sigue es un extracto de las memorias (publicadas en España por “Ediciones Akal) de Jean Renoir: “Mi vida y mi cine”; precisamente las páginas en las que el genial director se refiere a esta película:

 

A menudo se ha considerado a “Toni” como precursora de las películas neorrealistas italianas. No creo que eso sea exacto. Las películas italianas constituyen magníficas realizaciones dramáticas. En “Toni” me esforcé para no resultar dramático. Doy tanta importancia a una campesina a la que sorprendemos en el lavadero lavando su ropa blanca como al protagonista de la historia. En mi mente rivalizaban distintas tendencias. Por un lado, varios primeros planos tranquilamente elegidos me parecían una manera de tratar a los personajes en un estilo abstracto y hasta desnudo. Por otro, la utilización de elementos naturales me permitía alcanzar un realismo lo menos contaminado posible.


Ahora que el tiempo ha pasado y que veo las cosas con un poco más de precisión, creo poder decir que la característica de “Toni” es la ausencia de vedettes, no sólo de vedette-actor, sino también de vedette-decorado, incluso de vedette-situación. Mi intención era dar la impresión de que tenía una cámara y un micrófono escondidos en uno de mis bolsillos y que grababa cualquier cosa que se presentara ante mí, despreciando toda jerarquía. No obstante, me había impuesto unos límites. “Toni” no es un documental. Es un suceso, una auténtica historia de amor que ocurrió realmente en los Martigues y que mi amigo Jacques Mortier, por entonces comisario de policía de aquél pueblo, me contó. Apenas la modifiqué para la pantalla.

 

Otra diferencia con el neorrealismo italiano es mi utilización del sonido. Me apasiona la autenticidad del sonido. Prefiero un sonido técnicamente malo, pero grabado al mismo tiempo que la imagen, que un sonido perfecto, pero añadido. Los italianos no tienen ninguna consideración con el sonido, lo doblan todo.

 

Recuerdo una visita que hice a Rossellini cuando rodaba “Paisá”. El actor al que dirigía le suplicaba que le diese un texto. “Di cualquier cosa –respondió Rossellini-, de todos modos cambiaré el diálogo en el montaje.” Era una boutade, pero sintomática. Esta diferencia no me impide admirar apasionadamente las realizaciones italianas. Si Rossellini y De Sica emplean sonidos fabricados, la emoción que se desprende de sus películas no por eso resulta menos auténtica. En “Toni”, el ruido del tren llegando a la estación de los Martigues no sólo es un verdadero ruido de tren, sino el propio sonido del tren que se ve en la pantalla. En cambio, el sonido totalmente artificial de Roma, cittá aperta” sólo es una especie de acompañamiento a una de las realizaciones más grandiosas de la historia del cine.

 

“Toni”, rodada con medios escasos, marcó la consumación de mis sueños de realismo intransigente. Veía en ella la perfecta derrota del mosquetero y de los héroes del melodrama. ¡Cómo me equivocaba! Creyendo rodar una lamentable aventura extraída de la vida cotidiana, relataba, casi a pesar mío, una desgarradora y patética historia de amor.

 

Todas las escenas de la película se situaban en exteriores o en interiores reales. Los actores, aunque no todos aficionados, por lo menos eran gente del Sur. Su acento meridional era tan auténtico como el paisaje de los Martigues que servía de decorado a la película. Por primera vez en mi vida me parecía haber escrito un guión cuyos elementos se completaban de manera natural, no tanto por la intriga como por una especie de equilibrio lógico.

 

Y ahora disfrutad de la película.

 



 

 

 



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