Primera adaptación a la gran pantalla de la novela «Drácula» de Bram Stoker, película de un director de enorme talento, F. W. Murnau, cineasta que nos ha legado obras absolutamente imperecederas y que decidió en 1921 trasladar al cine la terrorífica novela del irlandés Bram Stoker; al serle denegados los derechos decidió hacer una versión personal que, no obstante, conservaba el hilo histórico de la obra literaria, después daría lugar a una demanda que Murnau perdería, decidiendo los jueces que debían ser quemadas la totalidad de las copias de la película, por fortuna, varias cintas se habían vendido ya a otros países, y así pudo preservarse esta obra de arte cinematográfica. Abanderada de ese extraordinario movimiento artístico que fue el expresionismo alemán y que, cinematográficamente hablando, da comienzo en 1919 con la no menos recomendable “El gabinete del doctor Caligari” (Robert Wiene) usa las mismas bases ya vistas en el arte pictórico expresionista, el objetivo aquí no es obtener una descripción realista de lo que sucede, sino más bien conseguir que se imponga el subjetivismo del autor, ya sea a través de los delirantes decorados con tintes cubistas usados en la obra de Robert Wiene, o ya sea a través de las retorcidas y surrealistas figuras dibujadas por la siempre amenazante sombra de Orlok (Sí, Orlok, en esta película no se llama Drácula).
Los escenarios son increíblemente perturbadores, oscuros y tétricos; deudora del espíritu gótico y del simbolismo de literatos de décadas pasadas, más que del propio Stoker, de autores como Hoffmann o Storm, todas las secuencias son realmente impactantes y de una tensión dolorosa: cada imagen es un golpe.
En Nosferatu, Murnau experimenta con un encuadre y una composición típicamente pictóricos, bebe de las fuentes de la pintura romántica alemana (Friedrich, Carus, Kersting...), existe una constante contribución de esta corriente pictórica al más fabuloso de los logros de Nosferatu, su atmósfera, una atmósfera fácilmente perceptible, pero difícilmente transportable a estas líneas, parece trascender al propio sentido de la vista, impregnando la experiencia de su visionado de un profundo olor a Cine. La cámara de F. A. Wagner permanece intencionadamente fija en la mayoría de secuencias, se hace una magistral utilización del claroscuro, el cine se aleja del teatro para acercarse a la pintura, para evocar emociones con la utilización exclusiva de la imagen, retratos aparentemente naturalistas, son capaces de generar en el espectador un desasosiego que difícilmente lograrían escenas de terror explícito.
Centrándonos en Orlok, Max Schreck (horror en alemán, ¿coincidencia?), sin duda es el mejor vampiro que ha existido, su caracterización e interpretación es inmensa y escalofriantemente perturbadora, no en vano se rumoreo durante años que Shreck era un verdadero vampiro contratado por Murnau, de hecho, la anécdota más popular contada alrededor de este actor del método es que, durante los descansos nocturnos en el rodaje (se filmaba de día teniendo en cuenta los escasos recursos de la época), Schreck desaparecía en la noche por el bosque, creyéndose (y haciendo creer a los demás que lo era) un vampiro.
El Conde Orlok interpretado por Schreck ha pasado a la historia como el vampiro por antonomasia, el monstruo que respira por su sombra, el espectro lujurioso, el astuto, el insatisfecho, el maligno y siempre sediento Nosferatu, la bestia más cruel y aterradora.
Una absoluta obra maestra llena de tensión, angustia, incertidumbre, desasosiego. Una película que ha sabido envejecer como el buen vino, revalorizándose año tras año no sólo como una referencia en el género de terror vampiresco, sino también como una referencia cinematográfica en su término más amplio; en serio, esto es cine. Por cierto, me gustan mucho más estos vampiros a la vieja escuela que los guapetones que salen ahora, con ese aire de seducción y romanticismo que el vampiro de Stoker no poseía ni de lejos.
Añadida al post la estupenda crítica para esta película de nuestro compañero Cary Juant. Muchas gracias.
ResponderEliminarLa copia es estupenda. Sólo un pero: ¿no podéis conseguir los intertítulos en alemán originales?
ResponderEliminarGracias por vuestro esfuerzo.